Episode Transcript
[00:00:02] Speaker A: Mi nombre es Alan Dizavia, soy médico psiquiatra y psicoterapeuta y estás escuchando Salud Mental.
Bueno, hoy quiero hacer este episodio para pasar en limpio todo lo que viene hablando de las intenciones estos años.
Porque lo que importa es la intención.
Quiero hablar sobre por qué es necesaria en un marco que permita aprovechar al máximo la experiencia, aún en una dosis subperceptual, es decir, por debajo de la percepción, que es la definición de microdosis, y que sirva y que sume, que tenga dirección.
Para todo eso necesitamos la intención.
En cada ritual de microdosis que grabé, siempre voy dejando algunas miguitas de todo esto, una por vez, para que sea más fácil integrarlo.
Y los rituales de microsis guiado por si nunca escuchaste uno, son esos episodios largos con música, con ejercicios para pasar esa hora, para ordenarte.
En uno dije que no las pienses, que las sientas.
En otro te dije que se centren en el ser, o sea, que empiecen con esto. Me gustaría ser una persona que.
Y ahí continúas la frase.
En otro te conté lo de las intenciones vertebrales y las dirigidas, que son las grandes, las que marcan el rumbo, y las chiquitas, que son las que efectivamente se hacen.
En otro mencioné que hay intenciones para esta semana y hay otras que son de meses.
Y en otra pedí que fueran sobre vos y no sobre lo que hace otro.
Y eso, lo de ir de a una, fue a propósito, porque una por vez se puede usar 10 juntas, no las usa nadie, te marean, hay mucha información y te olvidás de todas.
Entonces quise hacerlo desmenuzando un ladrillito sobre la intención por vez para que sea más fácil la integración.
Pero creo que ya están todas dichas desperdigadas por los episodios, y pienso que llega un momento de ponerlas una al lado de la otra y ver cómo encaja cada una con la otra.
Y de eso se trata este episodio.
¿Cómo se escribe una intención para que aumenten las probabilidades de que se realice?
No cuál elegir, Eso ya lo trabajamos un montón.
¿Cómo se escribe, dónde va cada palabra?
Hoy te la traigo armada.
Y fíjate que dije probabilidades, no dije que se cumpla.
Nada de lo que te voy a contar hoy garantiza ningún resultado.
No hay ninguna frase mágica.
Lo único que hace todo esto es que sea más probable que vos lo hagas.
Y eso es todo. Y quiero que cuando termine el episodio sepas armar una intención.
No que suene lindo, que sepas hacerlo.
Esa es la intención de este episodio.
Vamos a empezar por lo más básico.
Primero, ¿Qué es una intención?
Una intención son las ganas que vos tenés de que pase algo.
Eso es.
No es más complicado que eso.
Vos sos consciente de algo que te gustaría que pase y esas ganas te empujan.
No es cambiar toda tu vida, es elegir una sola cosa.
Ahora, yo quiero separarla de dos cosas que se parecen mucho porque se confunden todo el tiempo.
Y si se confunden, ahí arrancamos mal.
La primera es el deseo.
Una intención no es un deseo.
El deseo espera, ella no.
¿Cuál es la diferencia?
El deseo se queda mirando, se queda esperando el momento, esperando las condiciones, esperando el lunes, esperando estar con ganas. Y mientras espera, no hace nada, te paraliza.
La intención no se queda esperando, no tiene nada que ver con eso.
Se pone en marcha con lo que hay hoy, con el día que tenés.
Es algo que hacés, no algo que tenés que sentir.
La segunda es la expectativa. Y esta se confunde mucho más todavía, porque las dos parecen buenas, pero mirá, la expectativa pone una vara, un número.
Este año leo 40 libros, y esa vara divide al mundo en dos.
De acá para arriba lo logré, de acá para abajo fracasé.
¿Y qué pasa?
Que leíste 30. 30 libros, te la pasaste leyendo todo el año, hiciste un laburo bárbaro, y sin embargo te quedas con la sensación de que fallaste porque no leíste 40, que era el objetivo, que era la expectativa.
La intención, con el mismo ejemplo sería otra cosa, serí me gustaría ser una persona que lee muchos libros.
Y si leíste 30, hay 30 libros leídos y ya está.
La expectativa te mide, la intención te mueve.
Por eso yo siempre te pido que la digas de una manera determinada.
Me gustaría ser una persona que no espero, o tengo, o quiero sentirme porque espero y tengo, que son de la familia de la expectativa, traen la vara adentro aunque vos no la veas.
Y lo repito porque quiero que aunque suene machacado, la intención son las ganas, la expectativa es la vara.
Las dos te mueven, sí, pero una te empuja y la otra te toma examen.
Y acá quiero hacer una aclaración, porque parece que las características de las intenciones se pisan entre sí. Y no es así.
En el ritual, cuando llega el momento de sembrar, yo te no las pienses, sentilas.
Lo digo para que vos elijas, para que sepas cuál te está haciendo falta hoy.
Y esa parte no se razona, esa parte se escucha.
Porque si te pones a hacer una lista de pros y contras, va a salir la que deberías querer, la correcta, la prolija.
Y esa no sirve.
La que sirve viene de más abajo.
Hasta ahí sentir.
Ahora viene la segunda parte y es esta, la que faltaba.
Una vez que la sentiste, hay que escribirla.
Y en el momento de escribirla, la intención deja de ser una una sensación y se tiene que convertir en una acción, en algo que haces.
Por eso se elige sintiendo y se escribe haciendo.
Lo digo otra vez con otras sentir es como la encontrás, hacer es como la dejas escrita.
Son dos momentos distintos.
Porque el error más común que veo, y lo veo todo el tiempo, es que la persona siente y después deja escrito lo que sintió, tal cual como le salió.
Y lo que sintió es una sensación.
Entonces queda escrito así Quiero estar tranquilo, o quiero sentirme bien conmigo, o quiero no tener ansiedad, o quiero estar en paz.
Y esas cuatro son sinceras, son verdaderas.
La persona siente eso, le falta eso.
No está inventando nada, está siendo sincera.
Pero pensa un segundo ¿Qué le pasa a tu cabeza cuando le das eso?
Mañana te levantás y la intención estar tranquilo. ¿Y qué hacés?
¿A qué hora?
¿Con qué?
¿Qué agarrás?
¿Agarrás y hacés qué cosa?
No hay nada.
No hay ninguna acción adentro de esa frase.
Porque estar tranquilo no es algo que se hace, es algo que pasa.
Pasa o no pasa.
Es el resultado de otras cosas.
Entonces, si la intención estar tranquilo, ese resultado, cuando te levantas todos los días intranquilo, vas a ver que no se está cumpliendo. Pero tampoco sabes qué hacer para que estés tranquilo.
Entonces, una sensación no se hace, Una acción sí.
Y te lo pongo mejor con algo de todos los días. En la cotidianeidad, que es donde pasa todo, vos te podés proponer tomar agua.
Eso lo haces. Agarras un vaso, lo llenas y tomás. Perfecto.
Ahora, no te puedes proponer no tener sed.
¿La sed viene o no viene? No la manejas vos.
Lo que sí podés hacer es tomar agua.
Y entonces después la sed se va sola.
Con las emociones es igual.
Vos no podés hacer estar tranquilo, como te dije hoy. Ese es el resultado.
Podés hacer las cosas de las que después sale estar tranquilo.
Y esto se conecta con algo que ya dije hace mucho tiempo.
Yo siempre digo que la microdosis no sirve para lo que no está dentro de tu control, que es lo que no se puede cambiar.
Siempre digo que lo que no se puede cambiar no se intenciona, se acepta radicalmente, pero ese es otro episodio.
Bueno, y tus emociones tampoco están del todo en tu control, no las manejas a voluntad, no hay una perilla, ojalá, pero no hay. No hay ningún botón.
Así que una intención escrita como sensación es una intención puesta fuera de tu control, y esa ya la conoces. No funciona.
Entonces, ¿Cómo se hace?
Perfecto, se traduce la sensación te dice que te falta y vos después la convertís en algo que se puede hacer.
Vamos a hacer un supongamos que cerraste los ojos y esperaste sentir que necesitas y lo primero que te bajó es estar tranquilo. Perfecto, lee eso, lee ese sentir, pero traducilo en acciones.
¿Qué cosas te harían estar tranquilo?
Entonces, a la intención que sentiste estar tranquilo, la escribís. Por me gustaría ser una persona que aprende a decir que no.
Me gustaría ser una persona que sabe cuidar sus espacios.
Me gustaría ser una persona que no se compromete de compromiso.
Me gustaría ser una persona que sabe marcar los límites.
Me gustaría ser una persona que prioriza su descanso.
Decime si todas esas no te llevan, aunque sea un poquito, a estar más tranquilo.
Ahí tenés la brújula, la acción concreta que te acerca a la intención.
Si sentiste, por no quiero tener ansiedad, escribilo así me gustaría ser una persona que cuando se siente ansiosa apoya los pies en el piso, respira seis veces antes de decidir nada, o si sentiste quiero estar en paz con mi mamá, escribilo así me gustaría ser una persona que llama por teléfono el domingo a mi mamá, aunque no tenga nada que contarle.
¿Te das cuenta cómo marcan un camino, algo que hacer, algo concreto que puedes hacer que te acerca a eso que sentiste?
Y fíjate lo que tiene en común. Todas las intenciones, todas, se pueden filmar.
Si yo te pongo una cámara delante, todas las intenciones que te nombre se pueden ver realizándose.
Esa es la prueba y es fácil de acordarse. Si se puede filmar es una intención, si no, todavía es una sensación.
Quiero sentirme bien es una sensación.
Me gustaría ser una persona que cuida y prioriza sus espacios de descanso. Se puede filmar, ahí ya se convirtió en intención.
Lo único que yo agrego es el orden, sentir para elegir, escribir para hacer, y así no se pierde ninguna de las dos cosas, no las razonás, que era lo que yo no quería y tampoco te quedas en una nube de pedos que es lo que no sirve.
Bien, entonces vos ya tenés las ganas genuinas, decís quiero convertirme en una persona que empieza a caminar y lo decís en serio, no te estás haciendo el vivo ni mintiéndole a nadie, la crees de verdad, Pasa una semana y no caminaste, y esto le pasa a todo el mundo, a todo el mundo.
Abrí el ropero y contá cuántas cosas hay ahí adentro compradas con las ganas de verdad.
La zapatilla, el libro de la mesa de luz, el curso que pagaste y viste dos clases gana sabía en serio que la sabía, No dudo que la sabía, las ganas te ponen de pie, no te sacan a la calle.
A esto se lo estudió y se le puso un nombre, le dicen la brecha entre la intención y la conducta.
Brecha quiere decir agujero y conducta quiere decir lo que uno hace, así que es el agujero que queda entre lo que querés hacer y lo que después terminas haciendo.
Resulta que esto lo estudiaron y lo midieron y resultó que lo que vos querés hacer termina siendo más o menos un tercio de lo que vos después realmente hacés, un tercio, o sea que dos tercios se juegan en otro lado.
Durante mucho tiempo, cuando alguien no hacía lo que se había propuesto, la explicación era una sola, que no lo querías, que no lo querías lo suficiente, te falta voluntad, sos un vago y listo, y resulta que no, no te faltaron ganas, te faltó hora.
Yo caí en esa trampa un montón de veces, cuando algo no me salía lo primero que iba a revisar era cuánto lo quería y casi nunca era eso, estaba mal armado, nada más que eso.
Bueno, te voy a dar una imagen que va a ordenar todo el episodio y vamos a volver a ella varias veces, así que si querés podés grabártela.
¿Acordate de cuando ibas al colegio, sonaba el timbre del recreo y qué hacías?
No lo pensabas, no te sentabas a evaluar si salías o no, no hacías una lista de pros y contras, no negociabas con vos mismo, no le pedías permiso a nadie.
El timbre sonaba y vos ya estabas parado.
¿Y por qué?
Porque en tu cabeza había una conexión. Hecha timbre, salgo.
Ese pedacito ya estaba resuelto y vos no gastabas nada de energía ahí.
Ahora comparalo con esta semana. Empiezo a caminar.
¿En qué momento suena un timbre ahí?
Nunca.
No hay timbre para eso.
Entonces cada día lo tenés que decidir de nuevo, desde cero, como si fuera la primera vez.
Y decidir cansa.
Y siempre el momento en el que hay que decidir es el peor.
Estás cansado, estás apurado, tenés a los chicos encima, te fue mal en el trabajo, tenés que hacer la comida.
Lo que tiene timbre se hace, lo que no se, piensa.
Y te doy otra porque no quiero que quede en el aire.
Pensá en lavarte los dientes.
Vos no decidís lavarte los dientes.
Nadie se sienta a las 11 de la noche a evaluar si esa noche corresponde o no corresponde.
Terminás de cenar, pasa un rato y estás con el cepillo en la mano.
Eso ya tiene timbre.
Y el timbre es terminar de comer o levantarse del sillón.
Vos no elegís el cepillo, la cena o levantarse del sillón lo trae.
Y pensá también cuando aprendiste a andar en bici.
Al principio pensabas todo, el manubrio, los pedales, mirá adelante, no frenes de golpe, poné el pie, un quilombo.
Y después un día subís y andás. Y podés ir charlando con alguien sin manos, mirando para arriba.
Bueno, esto se le llama automaticidad, que sale solo, sin que tenga que empujar.
¿Y quién produce esa automaticidad?
Adivina.
La repetición.
Por eso la repetición es la madre de la neuroplasticidad.
Con la repetición se forma un surco en la que cada vez es más fácil acceder.
Cada vez la rutina al repetirla se hace más fácil, más fluida, más sencilla.
Y acá está lo importante, vos podés elegir dónde poner ese automatismo.
No es el que te toca, lo pones vos.
Y este es el corazón del episodio.
Si te olvidas de todo lo demás, quédate con una intención bien armada.
Tiene dos el rumbo y el timbre.
El rumbo te dice a dónde, el timbre te dice cuándo.
El rumbo es a dónde querés ir.
Y eso es lo que veníamos haciendo siempre.
Quiero convertirme en una persona que camina, quiero convertirme en una persona que aprende a pedir ayuda.
A esto se le dice intención, meta, metas, el punto al que querés llegar.
Como el arco en una cancha, vos sabés para qué lado tenés que correr.
Y está buenísima, te da dirección, sin eso no vas a ningún lado.
Pero fíjate que no dice cuándo, ni dónde, ni cómo.
No tiene timbre.
Y el timbre es la segunda parte, se llama intención de implementación.
Implementar quiere decir poner algo en marcha, hacerlo andar.
También se le dice plan si, entonces.
Y así es mucho más fácil de recordar.
Plan si, entonces.
Y se arma de una sola manera, una sola si pasa esto, entonces hago esto.
Te doy un si termino de lavar los platos, entonces me pongo las zapatillas y salgo a dar una vuelta a manzana.
Ahí acabas de construir un timbre.
Y fijate que interesante, vos no le agregaste ganas, las ganas son las mismas que tenías hace 5 minutos.
Lo que agregaste es que ahora la acción ya no depende de que en ese momento tenga fuerza para decidir el plan. No te da ganas, te saca la decisión de encima.
Cuando junté todas las piezas, esta, la del timbre, resultó ser de las más estudiadas que hay.
Hay más de 600 pruebas, o sea más de 600 veces que alguien se sentó a medir en serio si esto funcionaba o no funcionaba.
Y funciona, no es magia.
Lo que se ve se llama un efecto mediano.
Efecto mediano quiere decir que no le cambia la vida a todo el mundo, pero que a bastante gente le cambia bastante.
Que si vos agarrás 100 personas, unas cuantas más terminan haciendo las cosas que se propusieron.
No es un milagro, está en el medio.
Y en salud mental estar en el medio ya es mucho.
Bueno, ahora sí, al taller.
Porque el plan se puede escribir bien o se puede escribir mal, y la diferencia se nota un montón.
Un timbre que no suena no es un timbre.
¿Qué quiero decir con esto?
Si yo digo si estoy estresado hago tal cosa, no sirve. ¿Y por qué no sirve?
Porque cuando empieza eso no se sabe, no hay un momento que vos digas acá arrancó, nunca lo vas a agarrar.
En cambio decir si me encuentro leyendo el mismo renglón tres veces, por ejemplo, si sirve eso se nota, o si estoy mal con la comida hago tal cosa, no sirve.
Pero por ejemplo, si abro la heladera y me quedo parado mirando adentro sin hambre, ¿Hago tal cosa? Sí, sirve.
Ahí está clara la diferencia.
Uno es una nube, el otro es una escena.
Una escena que está varias veces en tu día.
Una nube no suena, una escena así.
Y el sí puede ser algo de afuera, un lugar, una hora, terminar una tarea, alguien que te ofrece algo, llegar a tu casa, o puede ser algo de adentro, un pensamiento, una sensación en el cuerpo.
Y esto último es importantísimo para lo que trabajamos acá, porque cuando alguien quiere aprender a pedir ayuda, el timbre no es un horario.
Nadie sabe que martes va a necesitar una mano.
El timbre es ese momento en el que el pecho se aprieta, la frase que se te da vuelta en la boca y termina saliendo sí, todo bien. Y vos ese momento lo conoce perfecto, ya era un timbre, faltaba usarlo.
Esto es finito, es un detalle, pero cambia mucho el resultado.
Y acordate del cepillo de dientes.
Vos no te lavas los dientes a las once y veinte, te los lavás después de comer.
La comida es lo que pasa sí o sí. Y el cepillo se colgó de ahí.
Bueno, hacé lo mismo.
Colgate de algo que ya te terminar de cenar, apagar la computadora, cerrar la puerta al llegar, servirte el mate, un té, dejar a los chicos en el colegio.
Vos podrías pensar que el plan se arma así si me ofrecen una copa, entonces digo que no.
Y no, eso sale mal, Está medido y sale mal.
Los planes escritos en forma de negación producen lo que se llama un efecto irónico, de rebote.
Y te traduzco esas dos palabras. Irónico quiere decir que pasa justo lo contrario a lo que vos buscabas. Y rebote quiere decir que la cosa vuelve y vuelve con más fuerza.
Y pensalo así, que es fácil de ver. Si vos le decís a un chico no corras, el chico para poder entender lo que le pediste, primero se tiene que imaginar corriendo.
Le prendiste la imagen que querías apagar para no pensar en algo, primero lo pensás.
Entonces el plan nunca, nunca se escribe con un no.
Se escribe poniendo otra cosa en el lugar.
No es si me ofrecen una copa no acepto.
Es más bien si me ofrecen una copa pido un agua con gas.
No es si me critico no me castigo, es si me critico me digo estoy haciendo lo mejor que puedo, me trató bien.
Fíjate que ese reemplazo No discute con el pensamiento, no le dice que está equivocado, no trata de convencerlo de nada, no se pelea, solo pone otra frase al lado.
En el proceso de microdosis, lo primero que aparece es todo lo que uno quiere dejar de hacer.
Lo veo todo el tiempo.
Es de las primeras cosas que trae la gente cuando arranca.
Lo que faltaba decir es ¿Cómo se escribe eso?
Porque si vos lo escribís tal como aparece, en forma de dejar, rebota.
Entonces, todas las intenciones de dejar algo, hay que dar la vuelta.
Cuando armes el entonces achicalo, y después achicalo otra vez.
Una frase, cinco minutos, la vuelta a la manzana, no los cinco kilómetros.
Y hay una prueba que no falla. Para saber si la achicaste bastante, pregúntate si la podés hacer un martes cualquiera, con el día que tenés, sin acomodar nada, sin pedirle nada a nadie.
Bueno, y ahora bajemos todo esto al ritual, que es para lo que estamos.
Y tenés una hora donde no haces otra cosa más que meditar, escuchar un ritual de micro guiado, escribir tus intenciones, o quedarte en el sillón escuchando ruido de lluvia, de océano, de bosque, regar las plantas.
Puedes caminar un poco, no hacer otras actividades más que esas por una hora.
Y lo que haces en esa hora en cuanto a la intención, es esto.
Primero, el rumbo.
Una sola me gustaría ser una persona que.
Segundo, las tres o cuatro cosas concretas que alimentan ese rumbo.
Eso ya lo venías haciendo.
Tercero, y esto es nuevo, el timbre.
Uno solo para esta semana.
Si pasa esto, entonces hago esto.
Colgarlo de algo que ya esté pasando, en positivo y chiquito.
Cuando termino de cenar, me lavo los dientes.
Cuarto, te ves haciéndola.
¿Dónde estás? ¿A qué hora?
¿Qué decís?
¿Qué hacés?
Y esto no es visualizar para atraer nada, ojo. No tiene nada que ver con eso. Es mucho más simple.
Si vos ya te viste en esa escena, cuando la escena llegue de verdad, no va a ser la primera vez que tu cabeza la ve. La va a reconocer antes.
Lo que se ve antes de hacerse, tiene más chance de pasar.
Y quinto, la decisión. Voz alta.
La repetís una vez y la escribís.
Con repetirlo una vez alcanza, no hace falta más.
Lo que sale por la boca vuelve a entrar de otro color cuando lo escuchas. Y acá tengo que hablarte de la neuroplasticidad.
Que es la capacidad que tiene el cerebro de ir cambiando sus conexiones según lo que uno hace.
Y pensalo como el pasto de una plaza.
Si mucha gente cruza siempre por el mismo lugar, se termina marcando un caminito amarillo.
Nadie lo dibujó, nadie lo hizo a propósito.
Se hizo de tanto pasar de la repetición.
Bueno, el cerebro es igual.
Lo que repetís se marca.
Pero fíjate una el caminito no lo marca el que mira el pasto, lo marca el que lo cruza ese día. No se graba lo que entendés, Se graba lo que hacés.
Voy a repetir todo esto junto porque ya lo dije. Y sí, va a sonar redundante, pero prefiero que suene repetido y que quede a que suene elegante y se te vaya.
Una intención son las ganas de que pase algo.
No tiene vara.
Por eso me gustaría y no espero ni tengo que.
Y por eso una intención bien armada tiene dos El rumbo, que dice adónde y el timbre, que dice cuándo.
El timbre se escribe así Si pasa esto, entonces hago esto.
Y hay cuatro reglas para escribirlo.
Que el sí sea una escena, no una nube.
Que esté colgado en algo que ya pasa igual que el entonces ponga algo en el lugar, nunca que lo saque.
Y que sea lo más chico que se te ocurra.
Y una última cosa, que la dije al principio y la quiero repetir ahora.
Nada de esto garantiza nada.
No hay ninguna frase que puedas escribir que te asegure un resultado.
Lo que hace todo esto es subir las probabilidades.
Que hagas más veces la cosa que te importa.
Y eso es lo que hay.
Y a mí me alcanza.
Bueno, eso es todo por hoy.
Te dejo una canción que preparé sobre la intención.
Estamos conectados y unidos. Unidos de corazón. Un beso grande.
[00:36:25] Speaker B: Bueno, vamos a empezar.
Sin apuro y con atención.
Es un día nada más.
Vamos juntos a tu intención.
Una intención para hoy no es cambiarlo todo ya.
Es elegir una sola cosa para vivirla hoy no más.
Una intención no es un deseo.
El deseo espera ella no.
Es algo que hacéis vos mismo.
Algo que depende de vos.
Quiero convertirme en una persona que deja que se venga a completar.
Quiero convertirme en una persona que no. Que salga solo.
No lo hago.
Que sea algo que se hace, no algo que hay que sentir.
Como escuchar antes de hablar o pedir sin exigir. Que sea chica que entre en El día que no pida un día una intención de todos los días se hace en un día normal.
Quiero convertirme en una persona que dice hoy lo que ayer se cayó.
Quiero convertirme en una persona que se da ese rato y no pide perdón.
Ahora imagínate ahí con él el ahora y el lugar, lo que se ve antes de hacer, se tiene más chance de pasar.
Ahora decimos que la escuche tu propia voz.
Lo que sale por la boca vuelve a entrar de otro color.
La intención se piensa la mañana y se vive con lo que haces. Un minuto para decirla y el día entero después.
Quiero convertirme en una persona que tolera la frustración.
Quiero convertirme en una persona que cuando falle en algo, vuelvo a empezar con calma, me hablo bien.
Quiero convertir.
Y el resto lo haces.